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miércoles, 17 de octubre de 2012


EL EXTRAÑO CASO DEL SEÑOR BROCA
Dr Francisco Traver Torras
Director del Área de Salud mental
Hospital Provincial. Castellón
                                                                                                                       Agosto 2002 
El señor Broca habita en el hemisferio izquierdo de todos los seres humanos, se trata de una estación de paso, un nudo de comunicaciones y es el responsable del lenguaje, me refiero al lenguaje verbal, al entender que la conducta es también un tipo de lenguaje (no lineal o discursivo) que no utiliza palabras sin dejar de ser por ello comunicación, una comunicación que a veces puentea la conciencia y la reflexión es decir el pensamiento, precursor necesario del lenguaje.
            Antes de ubicarse definitivamente en el lóbulo temporal izquierdo de nuestra especie, un Broca embrionario habitó las profundidades límbicas del rinencéfalo, donde aun queda algo de él en estado vestigial, por eso aun nos acordamos de gritar, rebuznar, gruñir, ladrar o relinchar. Los sonidos que emiten los animales, vocalizaciones u onomatopeyas que forman parte del repertorio de sonidos que los humanos podemos aun emitir y que residen todavía allí, aunque en este caso no podemos hablar de un lenguaje sino de señales auditivas que comparten con el lenguaje su misión de comunicación o señalización. La diferencia que existe entre el gruñido (protolenguaje) y el discurso es la misma que existe entre un ordenador digital y un ordenador analógico, aquel es serial, este opera en paralelo, el lenguaje es un código matemático y secuencial, el gruñido opera por aproximación, puede significar muchas cosas, que casi siempre señalan su origen. Prueben ustedes a demandar silencio, mediante la conocida onomatopeya ¡chisssssss!, nada hay tan parecido al sonido que procede de un reptil venenoso.
Con todo los monos son capaces de señalar sonidos a veces con una enorme complejidad, según que el depredador sea una serpiente, un leopardo o un águila. Y además los interlocutores adecuarán su secuencia conductual a este signo, de modo que escaparán en el sentido correcto: hacia los árboles si el depredador es terrestre o hacia tierra si el depredador es aéreo. Se admite, sin embargo, que los monos son incapaces de poseer una teoría de la mente propia, es decir no saben que sus congéneres, también sienten, piensan y se asustan igual que ellos (M. Smith, 2001). Dicho de otro modo: el lenguaje es algo más que señalización.
La primera pregunta que nos debemos de hacer en estilo evolutivo, es ¿por qué el señor Broca se trasladó de lugar? Y cómo no: ¿por qué eligió el hemisferio izquierdo?.
A la primera pregunta responderemos en clave evolucionista diciendo que siguió un camino preformado por la propia filogénesis que determinó la emergencia de un tercer cerebro, la corteza cerebral y lo superpuso al cerebro mamífero y al reptiliano componiendo un cerebro trino (Mc Lean 1973). Parece obvio suponer que si esa fina corteza cerebral había nacido precisamente para albergar las funciones superiores del Sapiens, como la facultad de planear, de decidir, de rastrear o de evaluar situaciones complejas, era allí donde había que emigrar para encontrarse en la vecindad de las estructuras racionales y servirles además de soporte.
Pensamiento, imagen y lenguaje comparten un territorio común de rastros y de códigos y aunque aun no sabemos si son o no la misma cosa, es más que evidente que se trata de procesos yuxtapuestos con algunas salvedades que iremos desvelando en este articulo. La primera es que el pensamiento - como la inteligencia - no es una categoría unitaria sino dimensional o modular-, existen varios tipos de pensamiento entre los que me gustaría destacar ahora el pensamiento intuitivo y el racional como ejes de mi discurso.
Pero antes de contestar la segunda pregunta, ¿por qué el señor Broca se instaló en el hemisferio izquierdo? me gustaría señalar al lector mi interpretación del enigma de los hemisferios, el enigma de la lateralización. ¿Por qué existen dos hemisferios?
También podríamos llamarle el enigma del dos, que en biología parece como un eje de torsión, un estribillo de la lógica evolutiva. Dos sexos, dos hemisferios, dos cadenas de producción hormonales, dos ojos, ¿para qué? ¿por qué esta manía duplicadora en la naturaleza?
Una razón es la explicación de la redundancia, existen duplicados para evitar la disfunción de una copia, si se estropea un ojo siempre quedará otro. Aun más: si existen duplicados en los genes es porqué la evolución se reserva un espacio para funciones que aun no se han instalado del todo en los fenotipos, se trataría de un fondo de inversión mediante el cual la filogénesis se reservaría futuras potencialidades.
Desde el punto de vista de la teoria informacional hay que señalar que la redundancia de un sistema reduce el ruido del mismo, un ruido que puede llegar a interferir en la señal. Para evitar este ruido no hay más remedio que o bien reducir el sistema a patrones lineales o bien aumentar su redundancia.

Uno mas uno son a veces tres, cuando las sinergias trascienden a las propias matemáticas (cuando operamos en sistemas no lineales). Sabemos que tenemos dos ojos, pero cada uno de ellos ve cosas diferentes y es gracias a esta divergencia de visión lo que propicia la visión tridimensional, después de intercambiar información eléctrica a través de los haces por donde viajan las señales visuales que se entrecruzan en el cuerpo calloso antes de proyectarse en la corteza occipital.
Otra explicación que no se contradice con las anteriores es la hipótesis de la especialización que deriva de la ruptura de la simetría a la que tienden los sistemas abiertos. ¿Por qué existen dos sexos, si nos podríamos apañar siendo hermafroditas como los caracoles? También podríamos optar para continuar reproduciéndonos sexualmente por la solución de las doradas que cuando son jóvenes son machos y cuando son mayores se hacen hembras, así tienen los dos puntos de vista y eluden la famosa guerra de los sexos que tanto nos entretiene a los humanos.
La razón es que las doradas tienen pocas cosas que aprender en relación con el potencial de aprendizaje de los humanos. Seguramente si existen dos sexos- instalados en individuos diferentes- en casi todas las especies es por la razón de que la especialidad reproductiva aconsejó la disparidad de individuos que pudieran soportar la complejidad de los aprendizajes relacionados con la función sexual.
La naturaleza obtiene de la duplicación un certificado de garantía en cuanto a la especialización, pero además se asegurará de que exista una especie de constante comunicación entre ambos duplicados a fin de que intercambien sus puntos de vista y negocien soluciones creativas entre ellos.
La lateralización evolucionó posiblemente desde la casi simetría de ambos hemisferios y muy probablemente a partir del constante estimulo motor del miembro superior derecho, que aun hoy y sobre todo el pulgar (la oposición del mismo) era necesaria para el uso y construcción de herramientas y que precisaba de una destreza que penalizaba una extremidad en relación a la otra. El "Homo habilis" inició pues el proceso que conocemos como lateralización, determinando la especialización de los hemisferios cerebrales y con él asentando las bases anatómicas del lenguaje Y eso sucede precisamente con los hemisferios cerebrales, uno, el izquierdo se encarga del pensamiento analítico, matemático, serial, racional que procesa su información en serie y sigue una lógica lineal, mientras que el derecho es intuitivo, gestáltico, mantiene conexiones aleatorias con el todo y percibe de un modo global y holistico las situaciones a partir de su procesamiento en paralelo de la información que maneja. Ambos, además, están conectado por un grueso cordón llamado cuerpo calloso que se encarga de transportar información de uno a otro hemisferio. Además y como la naturaleza es redundante dispone de otro sistema de intercomunicación hemisférica: la comisura anterior que se encarga tan sólo de transportar información olfativa de hemisferio a hemisferio, información sexual que en el hombre es vestigial, pero que representa en casi todos los animales una clave química de identificación interindividual. Incluso en ellos la gama de registros olfativos es muy corta, los receptores se especializan fundamentalmente en responder a iones volátiles COOH, NH3, CH3 y SO2, generalmente iones relacionados con estímulos hormonales de tipo sexual. Si en el hombre este tipo de receptores han perdido parte de su función orientadora respecto a los efluvios que emanan nuestros congéneres, no es porque hayamos perdido potencialidad de identificación sino porque la hemos ganado.
Fiarlo todo al olor no parece ser una buena estrategia cuando se trata de identificar enemigos o hembras. Si no lo creen pueden preguntarle al escarabajo, siempre prendado de la orquídea que en la evolución ha aprendido a asemejarse a la escarabaja para conseguir que aquel la polinice gratis mientras cree que está copulando con una hembra de su especie a la que imita en forma y color. Naturalmente la función de la orquídea está en parecerse pero no en suplantar del todo a la escarabaja puesto que esta estrategia terminaría por aniquilar su propia estirpe a poco que el escarabajo decidiera retirar para siempre sus ardores sexuales de su especie. Cuando el escarabajo que es medio ciego descubre su error, ya es demasiado tarde y la orquídea habrá aprovechado su ardor sexual para su propio beneficio.
Las señales olfativas son una posibilidad bien repartida en la naturaleza pero no la única posibilidad de señalización. Está el canto y el graznido, el aullido y el gruñido por nombrar las señales que se emiten desde la boca, pero la evolución tardó millones de años en aprovechar la cavidad bucal para la señalización y aun cabe preguntarse el por qué.
Precisamente el que el sonido que emitimos en el lenguaje utilice el mismo orificio que usamos para respirar y comer es la prueba de que el lenguaje o la señalización acústica ha sido la última en aparecer en relación a las otras estrategias comunicacionales. Un sin fin de autores han señalado desde el siglo pasado que podía existir una correlación entre el lenguaje y las psicosis. Crichton-Browne en 1879 ya señalaba que "las regiones cerebrales que han evolucionado más tardíamente y que están localizadas en el hemisferio izquierdo pueden ser las primeras afectadas en los casos de locura” (en Sanjuan, pag 200, op. Cit)
Antes del sonido gutural ya existían - en efecto- marcadores acústicos que operaban como señalizaciones: hay que destacar el frotamiento de las patas para emitir señales, piensen en las molestas cigarras estivales o en las llamadas nocturnas de los grillos, se trata de sonidos que no son emitidos por la laringe y que no precisan de aparato fonatorio alguno, piensen en los ultrasonidos que emiten los cetáceos o los murciélagos: una señalización arcaica que precedió en millones de años a los sonidos emitidos por distintos animales a través de la boca o – al menos- que evolucionó paralelamente a aquella.
No parece existir ninguna duda acerca de que la señalización que se obtuvo a través del sonido emitido por la laringe supuso un hito evolutivo precursor del lenguaje simbólico que aprendimos a utilizar quizá para señalar los peligros y combinar estrategias de caza eficaces cuando se operaba en grupo, ampliando los mecanismos de señalización e introduciendo nuevos usos..
Pero antes del lenguaje estuvo la onomatopeya, el silbido, las fogatas y otras formas de señalización analógicas que le precedieron, como advertencia, imperativo o interrogativo. Para ello la evolución sólo necesitaba la puesta a punto de un órgano fonatorio que pudiera dar una mayor versatilidad al lenguaje y lo obtuvo retrotrayendo la laringe casi al mismo tiempo en que la bipedestación se imponía en la evolución de los simios que nos precedieron.
Y ahora es cuando conviene replantear la segunda pregunta que más atrás hacía acerca de la razón por la que el señor Broca se instaló en el hemisferio izquierdo.
La razón por la que el señor Broca se instaló en el hemisferio izquierdo es probablemente banal y podría responderse diciendo que si había dos posibilidades en alguna de ellas debía decidir instalarse  lo hizo precisamente allí donde el cerebro había instalado el resto de componentes del raciocinio, se trató de una instalación por vecindad (Ringo et al 1994). Sin embargo si la instalación se hubiera realizado al azar, cada especie lingüística hubiera optado por una solución distinta y no es este el caso, el señor Broca prefirió el hemisferio izquierdo en todas las especies en que el lenguaje tiene algún desarrollo como en los simios y también en el austrapoliteco. De entonces para acá decidió quedarse en el costado izquierdo y ahí sigue.
De lo que se deduce que el área del lenguaje tiene que ver con las facultades superiores de la corteza cerebral y más que eso muestra una preferencia obstinada por este lado de babor, por más que las funciones motoras no dependan para nada de la función verbal del lenguaje. Los zurdos (un 20% de la población) siguen teniendo al señor Broca en el costado izquierdo., así es en la actualidad y así fue en la prehistoria del hombre (Sagan 1997)
Sin embargo el señor Broca se reservó una estrategia de urgencia. En los niños que sufren algún tipo de lesión en el hemisferio izquierdo, siempre que esa lesión se produzca antes de los 2 años, el señor Broca es capaz de mudar su estrategia de asentamiento en el hemisferio izquierdo y podrá optar por instalarse en el derecho, lo que indica que al menos durante el tiempo en que la ventana plástica de la neurogénesis lo permite, el señor Broca es bastante versátil y nada obstinado: puede cambiar de opinión según las necesidades.
Cuando se tienen dos hijos es inevitable que uno sea más listo que el otro, lo mismo sucede cuando se opera con dos ordenadores. La especialización de los hemisferios evolutivamente hablando pudo derivar desde una inespecífica cuasisimetría de ambos hacia una progresiva especialización que vino precisamente de la inevitable mayor destreza de un hemicuerpo, en este caso del derecho. Es precisamente la mayor destreza con la mano derecha la que estiró del hemisferio izquierdo y lo forzó a la especialización y probablemente este fenómeno fue reciproco y bidireccional, un hemisferio incapacitó al otro y a las funciones motoras del hemicuerpo izquierdo mientras sepultaba - en otro orden de cosas- nuestra inteligencia intuitiva al mundo de los sueños, de la creación y del arte.

TRIBUTOS EVOLUTIVOS DEL LENGUAJE

Todo este despliegue de complejidad naturalmente tenia que pasar factura a nuestra especie. Nombraré primero los tributos benignos para luego hablar de las enfermedades más graves que se supone están relacionadas con averías en la neurogénesis del señor Broca, esto es los errores en la migración neuronal que se han señalado relacionados con una enfermedad típicamente humana sobre la que no existen modelos en la naturaleza, me refiero a la esquizofrenia.
La lateralización tiene a veces costes menos malignos que la esquizofrenia, que se deben a la indiferenciación hemisférica. Los niños hasta los seis años pasan por una etapa donde todavía no han definido su lateralidad. Unos son en esto más precoces que otros, existen los fuertemente diferenciados bien sea como diestros o bien como zurdos, pero por lo general son ambidiestros hasta una determinada edad, siendo las niñas más precoces que los niños en adquirir esta predilección que se ha correlacionado con una mayor inteligencia verbal, siendo más frecuentemente diestras que los niños (Crow, 1998)
La indecisión hemisférica correlaciona con una mayor torpeza y con problemas en la lectoescritura. Los niños preesquizofrénicos son descritos con mayor frecuencia como ambidiestros (Green, 1989). Sin embargo la dislexia es muy frecuente en nuestro mundo y afortunadamente no todos los disléxicos acaban siendo esquizofrénicos, sin embargo es probable que exista un mecanismo común que proceda de la especialización hemisférica y que afecte a las habilidades verbales y no verbales, a la inteligencia verbal y no verbal y a la lectoescritura en el aspecto puramente motórico. Las averías del señor Broca en la esquizofrenia no tendrían tanto que ver con las habilidades motóricas sino con los aspectos simbólicos del lenguaje.
Esta teorización que debemos entre otros a Chomsky que especula en torno a la idea de que el lenguaje o al menos las matrices generativas del mismo son innatas y reconoce las siguientes leyes generales:
1,- Para cada lenguaje existe un conjunto finito de normas que deben aprenderse, aplicando dichas reglas pueden generarse todas las posibles frases gramaticales del idioma. Se le conoce con el nombre de gramática generativa.
2,. Los niños son capaces de aprender cualquier idioma humano, vale también para los adultos siempre que hayan aprendido alguna lengua materna antes de la pubertad, donde se cierra definitivamente la ventana plástica de aprendizaje del primer idioma.
3.- Con cualquier tipo de gramática operativa se pueden aprender todas las demás, existe pues una gramática universal.
En este sentido el lenguaje no es más que una evolución similar a la de la trompa de un elefante, sometida por tanto a los mismas variaciones que cualquier otro órgano o habilidad de cualquier especie, con una excepción: el lenguaje no se fosiliza, por tanto no podemos demostrar que existía del mismo modo que sabemos que el mamut o los dinosaurios existieron.
 .El señor Broca ya perfectamente instalado en el lóbulo temporal izquierdo no se ocupa del habla me refiero a los aspectos fonatorios de la misma, sino del procesamiento verbal en cuanto lenguaje simbólico. Estamos acostumbrados a pensar en el cerebro como un codificador de señales periféricas pero no nos acostumbramos a pensar que el cerebro es también un codificador autónomo, un órgano autopoyético que no se limita tan solo a interpretar, modular o distribuir las señales que le llegan por doquier sino que también las fabrica. A esto se dedica el señor Broca casi exclusivamente: codifica, decodifica y transmite señales a otros lugares situados en la vecindad a fin de dar una respuesta motora, incluso en algunos casos inventa palabras, con sentido si es que reposan sobre las matrices generativas adecuadas, es decir sobre rutas neuronales preexistentes..
Es verdad que casi todas las estructuras relacionadas con el habla y con la decodificación del lenguaje se encuentran en la vecindad lo que nos recuerda el acierto evolutivo que tuviera de instalarse en este lugar y no en el costado contrario donde tendría que recorrer una mayor distancia en encontrar colaboradores para sus tareas. Unos colaboradores, sobre todo el señor Wernicke y la inestimable ayuda del hemisferio no dominante que confiere al lenguaje su capacidad de establecer signos en el sentido de Saussure: sabemos que una palabra no es el objeto que la nombra y sabemos también por la misma razón que hay palabras que sólo son desinencias gramaticales, no remiten a ningún objeto (que, cuando, el, la , los, un, unos, etc) Estas estructuras anatómicas están perfectamente especializadas en trabajos relacionados con el procesamiento del lenguaje: el habla, la lectura, la escritura (una adquisición tardía), el reconocimiento y señalización  de caras, el reconocimiento y señalización de objetos a fin de poderlos nombrar, la decodificación del sonido, etc, quedando en el otro lado (el temporal derecho) aquellas habilidades que no tienen que ver con el lenguaje, el reconocimiento de estructuras geométricas, la evaluación del peligro, el lenguaje gestual, la comprensión de la música y de los significados que el lenguaje evoca. Efectivamente el temporal derecho es el lugar adecuado para evaluar de un modo rápido una situación y dar una respuesta rauda a un problema cualquiera. El lóbulo temporal derecho es intuitivo y por eso está más cerca del error de bulto, desde el simple error cognitivo hasta la paranoia, pero a cambio puede contemplar un número mayor de variables, establecer contactos de aprendizaje contextuales y es capaz de adquirir conocimientos rápidos que el cerebro izquierdo tardaría años en computar. Además no hay que olvidar que ambos hemisferios se encuentran permanentemente en conexión, salvo que el cuerpo calloso haya sido diseccionado, situación experimental que  Sperry estudió y a cuyos trabajos remito al lector interesado..
Dando por supuesto que el cuerpo calloso está integro, la evaluación que hacemos de una determinada situación resulta siempre de una síntesis del pensamiento intuitivo y del pensamiento racional a no ser que los factores emocionales distorsionen nuestro juicio o nos encontremos en un estado de ensoñación en cuyo caso el hemisferio derecho se impondrá en sus soluciones intuitivas al izquierdo con el margen de acierto o error que esto supone.
Que la esquizofrenia es un tributo que pagamos por la adquisición evolutiva del lenguaje es una idea que ya fue señalada por Huxley en 1964 y que constantemente está sufriendo nuevas aportaciones en el sentido de su replicación (Crow 2000). Lo mismo sucede con el cáncer genital que estamos empezando a entender en clave evolutiva (Greaves, 2002): que el hombre tenga una próstata más grande que la del toro no parece algo aleatorio sino que ha tenido que representar alguna ventaja genética y que necesita alguna explicación. Una ventaja que procede de la capacidad para poder mantener constantemente una perfecta lubrificación y engrase de la eyaculación. En el pecado está pues la penitencia y el cáncer de próstata es el precio que el Sapiens paga por ser tan lujurioso o al menos por estar diseñado para serlo.
No está sin embargo nada clara si la esquizofrenia o mejor sus portadores no enfermos representan alguna ventaja evolutiva. Lo que es cierto es que los esquizofrénicos se reproducen menos que la población general, (Essen-Moller 1959, Penrose 1991, Vogel 1979) sobre todo los hombres esquizofrénicos y aun así la esquizofrenia no se ha extinguido[1], lo que nos impulsa a pensar que sus portadores puedan obtener algún beneficio de esos genes, algún beneficio relacionado con el lenguaje o la inteligencia verbal. ¿Podríamos especular que lo que hoy es una maladaptación, mañana se transforme en una ventaja? Otra opción es que la esquizofrenia representara una mutación epigenética, sin dejar de señalar que ambas teorías son refutables: de hecho algunos autores como Hare suponen que la esquizofrenia es una enfermedad reciente causada por un virogen (Crow 1987), según él no tenemos ninguna evidencia de que existiera antes de antes de 1800, o al menos no de la forma en que la conocemos hoy. Hare aporta datos epidemiológicos para poner en duda que la esquizofrenia sea una enfermedad universal y diseminada uniformemente como sostienen aquellos que piensan que está representada con una incidencia similar en cualquier cultura (Hare 2002).
Lo que es seguro es que el camino de la lateralización y la ubicación definitiva del señor Broca en el lóbulo temporal izquierdo es la base anatómica de la esquizofrenia, al menos de la esquizofrenia nuclear (Schneider 1957), y también de los trastornos del lenguaje (disfasias) que no se deben a hipoacusias o a defectos cognitivos. Síntomas que son errores en la codificación de las reglas de Chomsky aparecen en la esquizofrenia como la agramaticalidad o la ensalada de palabras, otros en cambio señalan una posible origen vinculado a la creación de nuevos símbolos, como los neologismos y otros en fin parecen darle la razón a los que creen que la discriminación entre pensamiento y lenguaje se ha borrado en la esquizofrenia, me refiero a las musitaciones. Es cierto que en la esquizofrenia y en las psicosis en general existen otros mecanismos que explican la emergencia de síntomas, me refiero a la hiperactividad del sistema dopaminérgico, una sobreexcitación que es común en la paranoia, la psicosis maníaco-depresiva y las psicosis tóxicas, sin que sepamos aún si esta hiperactividad en la esquizofrenia es primaria o secundaria a las averías del señor Broca. Lo sabemos porque los antipsicóticos son antagonistas de los receptores dopaminérgicos y no tienen ninguna eficacia en los síntomas nucleares de la esquizofrenia, por eso les llamamos antipsicóticos y no antiesquizofrénicos, a diferencia de los antidepresivos a los que les adjudicamos una acción especifica en lugar de llamarlos por el nombre más propio de timoanalépticos  tal y como proponía Rojo Sierra.
Además de la hiperactividad del sistema dopaminérgico se han evidenciado alteraciones inespecíficas en el volumen total cortical (Zipursky 1992), en el tamaño ventricular (Torrey 1979) y una disminución de las asimetrias interhemisféricas (Falkai, 1995). En cualquier caso se trata de lesiones sutiles y además inespecíficas que no han podido ser replicadas adecuadamente por los diversos estudios que se han ocupado del tema.
Frente a las hipótesis de Hare existe una opinión que cuenta cada día con más adeptos: que la esquizofrenia es una enfermedad ubicua, presente en todas las culturas (Devereux 1983) y que por tanto no está influida por la organización social. Las semejanzas de la enfermedad son más constantes que las diferencias (Jablensky, 1992) , luego la explicación de su transmisión debe venir de la mano de la variación genética y además: "su origen tuvo que preceder o coincidir con la diáspora del moderno sapiens por toda la superficie de la tierra" (Crow, 1997, en Sanjuan pag 197, op, cit).
En mi opinión ambas teorías no se excluyen mutuamente dado que la esquizofrenia puede hoy ser una enfermedad común a todas las culturas pero ayer pudo haber sido una excepción. En este sentido Bleuler (Bleuler 1978) supone que la esquizofrenia es una adversidad estadística más que una enfermedad transmitida genéticamente. Es posible especular que lo que se trasmite sea más bien una tendencia al aislamiento social, a la introspección o al splitting grupal que más allá de eso pueda transformarse en una conducta disadaptada en presencia de un virus con una acción patógena connatal Si esta hipótesis resultara ser cierta lo que se trasmitiría sería mas bien una disponibilidad para el celibato o el carisma (Stevens y Price 2000) que en presencia de un agente desconocido daría como resultado una enfermedad cuyos subtipos o plasticidad sería fenotípica y no genética, si esta teoría fuera cierta los cuadros clínicos relacionados con esta herencia se verían influenciados por picos epidemiológicos derivados de la exposición al mismo. Naturalmente su relación con la teoría evolutiva no procede de nuestra actual concepción de esquizofrenia, una enfermedad invalidante y maladaptativa que parece poner patas arriba el paradigma de selección natural, su causa sea viral o de cualquier otro tipo operaría sobre programas relacionados con la retirada (withdrawal) reproductiva y social. En ese sentido la esquizofrenia no se transmitiría genéticamente, poniendo fin a la “paradoja esquizofrénica”, sino que sería un accidente infeccioso o de cualquier otra clase que afectaría a determinados locus genéticos, destinados a suprimir alguna función neurobiológica relacionada con el apego o la afiliación social.
Las averías del señor Broca son los responsables de los síntomas nucleares de la esquizofrenia que según Schneider son:
1.- Robo del pensamiento
2.-Imposición del pensamiento
3.- Alucinaciones auditivas en primera persona
4.- Comentarios alucinatorios auditivos en tercera persona
Cada uno de estos síntomas tiene su origen y es resultado de un defecto distinto en la codificación-decodificación de un mensaje verbal o de su interpretación. Lo que da como resultado que la esquizofrenia pueda definirse como una confusión entre lo propio (el pensamiento) y lo verbalizado (pensamiento expresado) y entre lo que es ajeno (el pensamiento o los mensajes de otro) y su interpretación (el pensamiento propio).
Aunque el pensamiento está de hecho organizado como un lenguaje sólo es lenguaje cuando es expresado. Podríamos decir que el pensamiento es lenguaje no dicho o hablar para si. Pensar y decir son actividades probablemente yuxtapuestas pero no idénticas en tanto siempre podemos reservarnos la posibilidad de no comunicar  a nadie un pensamiento propio, lo que dará como resultado que este pensamiento no dicho es un no-lenguaje.

Accion
Autor
Procedencia
Esquizofrenia
Pensar
Yo
Interna
De afuera (imposición o lectura del pensamiento)
Decir
Yo
Interna
Forzada
Oír
Yo (fuente externa)
Externa
De dentro afuera Difusión de pensamiento
Interpretar
Yo
Interna
Forzada o errónea

Como puede observarse la avería no está propiamente en el lenguaje como sucede en los afásicos, incapaces de encontrar la palabra adecuada para nombrar un objeto, sino en la confusión entre lo propio y lo ajeno, entre el pensamiento y el lenguaje (Crow 2000) como si la barrera que les separara hubiera sido destruida o los módulos que sustentan a ambas  se encontraran desligados y una constante intrusión (ruido) del medio se inmiscuyera en el procesamiento simbólico (señal), de tal forma que el símbolo se confundiera con el objeto real, como si la disociación entre significante (hemisferio derecho) y significado (hemisferio izquierdo) se hubiera borrado.

Signo de Saussure. (Fig 1):

Palabra  

Concepto 

Objeto

Caracol                                                           

 

 


Obsérvese que el recorrido desde la palabra “caracol” hasta el concepto “caracol” es bidireccional, lo mismo sucede entre el objeto caracol y el concepto “caracol”
La experiencia intima esquizofrénica añade flechas a la figura anterior que pueden bordear los conceptos intermedios de Saussure, clínicamente supone una seria avería de la bidireccionalidad y del efecto tampón de los conceptos sobre los efectos del determinismo puro y un error de reconocimiento en la atribución de autoría de los mensajes recibidos o en el propio pensamiento que es atribuido a la colisión con fuerzas externas, lo que provoca una dificultad del enfermo en diferenciar quién habla, a quién le habla, cuando y qué quiere decir, una especie de marasmo de la señalización y la intencionalidad que muchas veces deja al enfermo en una situación de perplejidad y confusión (Bateson et alt, 1956) que combate reduciendo o estrechando aún más su conducta afiliativa o de apego que amenazan con inundar de aferencias sensoriales en un sistema cerebral acoplado entre señales y ruidos o bien regresando a situaciones filogenéticas anteriores donde el programa paranoidismo pudiera representar alguna predictibilidad en un mundo aterrorizante.
Programas arcaicos activados en el curso de la esquizofrenia
PROGRAMA
PROPOSITO
Paranoidismo
Vivencia predecible de amenazas procedentes del exterior
Desapego
Reducción de los estímulos externos
Estupor
Defensa frente al terror
Huida/agresión
Defensa frente al terror
Retirada reproductiva
Escape social

Las alucinaciones auditivas representan en mi opinión el caso más interesante para comprobar que el cerebro no es sólo un decodificador de señales sino también un emisor de las mismas, el lugar donde se permutan y procesan informaciones verbales con las no verbales. No puedo dejar de señalar la relación que encuentro entre las alucinaciones auditivas y las señales dolorosas que emergen de un "miembro fantasma",ambas percepciones pueden estar vinculadas por una proyección anómala en el área cortical que puede proceder de un defecto de inhibición. Si el dolor que el amputado atribuye a una mano que ya no está se debe a la dificultad de encajar en un esquema sensorial nuevo a la mano perdida, no podemos dejar de obviar el hecho de que es el muñón el responsable de la aferencia dolorosa que el individuo proyecta en la mano. El cerebro con una sería avería del señor Broca puede del mismo modo continuar proyectando señales al exterior que el paciente atribuye al medio externo, pero no se trata de voces sino de pensamientos que el paciente no siente como tales al haberse averiado seriamente su sistema de codificación-decodificación junto con la estructura de sus matrices semánticas. Se trataría de una falsa aferencia del mismo modo que sucede en la causalgia de un miembro que fue amputado.
Una de las razones que fundamenta el anterior argumento es que generalmente lo que se proyecta en las alucinaciones esquizofrénicas al exterior son sobre todo imperativos y prohibiciones, los precursores de necesidad que probablemente articularon el lenguaje en un código comunicacional simbólico. Si el lenguaje existe como emergencia cerebral es muy probable que se deba a la necesidad de señalar aquello prohibido y las ordenes necesarias para adecuar la conducta a una estrategia común. Aun hoy, al hombre le resulta más fácil obedecer (o transgredir) a ciegas cualquier indicación que proceda de una autoridad que inventar una realidad y unos valores propios que acordes con aquella den como resultado una mejor integración en el mundo. Esto se debe a que el peso de los rituales y de la cultura es más importante que el peso de la racionalidad, para el hombre siempre será más fácil no comer cerdo o no beber vino porque lo manda alguna instancia externa a él que dejar de hacerlo por propia voluntad como resultado de un análisis racional de la situación, (por ejemplo del riesgo de adquirir triquinosis o dependencia del alcohol), así se formó el mundo social y religioso aprovechando la dificultad sobre la que está articulada el lenguaje y de paso inventando una realidad supraindividual desde las que emergen las grandes prohibiciones y tabúes que también - como gran parte de nuestros programas genéticos- han quedado obsoletos para el gobierno de los dilemas del hombre de hoy.
Sin embargo ya he dicho más atrás que el lenguaje no es sólo eso. No emergió sólo como señalización, sino quizá también para operar de cemento conector entre los módulos y habilidades que en un principio existían aisladas en cada individuo, me refiero a la inteligencia social (para cazar en grupo por ejemplo), la inteligencia técnica (para construir herramientas) y la inteligencia natural (discriminar lo peligroso de lo inerte). En este sentido el lenguaje permitió la coexistencia de todas estas habilidades en un mismo individuo y relanzó al mismo hacia el discurso que permitió a su vez, la supervivencia genética de las reglas gramaticales y la identidad de grupo (M. Smith 2001).
Todo parece indicar que el aprendizaje precisa de una cierta redundancia. Según Damasio para tener miedo no es suficiente con la idea de miedo, sino que es necesario “un marcador somático” en este caso la taquicardia, de otro modo ¿cómo sabríamos que tenemos miedo”. El marcador somático es un ejemplo de redundancia en los sistemas de aprendizaje (al menos dos aferencias). En efecto, para aprender códigos morales lo mejor es estudiar religión, es seguro y eficaz para la mayoría, quizá por esa razón las religiones contienen mucha información inaplicable a los dilemas de convivencia pero es seguro que aquellos que abrazan a ciegas el dogma o el precepto, seguirán más fácilmente las reglas de convivencia social, la moral que contiene la propia religión. En este sentido el dogma no sería sino información redundante que sirve sobre todo para transportar los mensajes realmente importantes. Lo mismo podemos decir de determinados aprendizajes como la música o las matemáticas, deben aprenderse mientras la ventana para la memorización  por repetición se encuentra abierta, lo que no siempre suele coincidir con el raciocinio necesario para comprender su utilidad. Siempre será más fácil aprender a resolver integrales que comprender para qué sirve una integral, sólo la maduración posterior hará posible entender qué concepto real existe detrás de la abstracción matemática.
Si las prohibiciones o los imperativos llegaron a ser útiles como señales de advertencia para el peligro, debieron de establecerse a través de aprendizajes redundantes, por ejemplo adjudicándole a una persona determinada un cierto poder o conocimientos mágicos, sólo entonces, a través del mito o el ritual la advertencia llegaría a ser considerada en serio. Desde que el hombre descubrió el fuego hasta que llegó a dominarlo y a entender sus peligros debieron producirse no pocos accidentes, probablemente se llegara a pensar que el fuego tenia alma, es decir era un ser viviente y se le llegaran a adjudicar poderes mágicos tanto en su propósito, función o procedencia, es muy posible que sólo después de haber animizado el fuego este pudiera ser controlado. Por la misma razón es muy difícil explicarle a un niño los peligros del trafico o a un adulto los peligros de fumar, una dificultad que procede de la inexistencia de programas atávicos que sirvan de soporte a tales aprendizajes que son absolutamente racionales. Si los automóviles tuvieran alas o patas de insecto o sí el tabaco estuviera prohibido por algún tipo de autoridad moral reconocida con su correlato punitivo mágico (y no por la amenaza del cáncer) estas conductas serían más fácilmente asumidas como peligrosas y evitadas en consecuencia.

CONCLUSIONES

Si es cierto que la esquizofrenia es una avería del señor Broca, estamos evidentemente frente a un impuesto vinculado a la ganancia del lenguaje, pero no implica linealmente que existiera esta enfermedad tal y como la conocemos hoy desde tiempos primitivos. Siguiendo a Hare parece improbable que la esquizofrenia existiera en el hombre primitivo en un mundo vinculado a resortes cósmicos, amenazas reales y palpables y un tipo de pensamiento vinculado a lo mágico. ¿Qué sentido tendría una alucinación en este tipo de entorno? Es muy probable que el hombre primitivo recurriera a la alucinación de una forma fisiológica como una manera de acceder a su mundo interno, en este sentido es licito suponer que la alucinación fuera una forma de mantener diálogos internos antes de que se inventara la subjetividad o que responda a pensamientos subvocalizados (Bick & Kinsbourne 1987) que se proyectan al exterior por un defecto de inhibición cortical. En este sentido la alucinación auditiva sería un equivalente a las cavilaciones que hoy mantenemos con nosotros mismos sin necesidad de alucinar (aunque si de repetir), en la medida en que el raciocinio común es capaz de discriminar pensamiento y lenguaje, lo que nos permite ese dialogo interior. El hombre primitivo - por el contrario - inmerso en un mundo impredecible, amenazador por desconocido y donde lo cósmico y lo individual aun no habían sido fragmentados por el orden de la cultura debió de mantener activa su potencialidad alucinatoria hasta hace muy poco tiempo.
La antropología y la historia nos muestran ejemplos continuos de esta inversión del juicio. Estamos acostumbrados a pensar e interpretar a los místicos y reformadores como psicóticos o al menos como sospechosos de serlo. Existen numerosos ejemplos de interpretaciones acerca de supuestas enfermedades mentales en Sta Teresa de Jesús, Juana de Arco, Mahoma, Jesucristo, etc, olvidando que el paradigma histórico y el clínico funden muy mal y que las alucinaciones de estos reformadores, místicos o personajes religiosos se daba en un entorno donde muy probablemente eran una forma de insight o introspección que antes de que se inventaran las teorías intrapsíquicas de la mente pudieron representar una forma de dialogo interior trasmutado en conocimiento revelado.
No solamente el lenguaje hablado, sino la identidad, el sexo asignado, el género, el autoconcepto, la norma moral o la autoestima son constructos que proceden de nuestro entorno y cuya existencia asignamos en nuestro psiquismo en un ejercicio constante de alucinación negativa (somos incapaces de entender que son constructos sociales y no psíquicos). Por ejemplo, estamos acostumbrados a observar la identidad sexual como si se tratara de algo genuino, algo intrapsíquico, algo nuestro que nos pertenece como un órgano. Pero la identidad  no es sino un constructo social y en este sentido nombraré el ejemplo de la cultura esquimal donde sólo el alma es inmutable, pero no el sexo asignado, así no es infrecuente que un niño sea educado y vestido como una niña, mientras va emergiendo su “verdadera naturaleza” ya en la pubertad. El sexo y el genero son intercambiables, la identidad- alma no, entre los inoui (Heritier 1996). En otros casos como los indios crow la masculinidad asignada no se establece definitivamente sino después de la ceremonia de la inseminación (que se produce por felación), una iniciación de los varones que corre a cuenta del tío paterno. Es evidente que en este tipo de culturas donde una cierta conducta homosexual no sólo está tolerada sino prescrita, desfavorece la presencia de homosexuales absolutos, para los crow, lo importante no es ser o no ser hetero u homosexual (que no existen como identidades) sino que lo reprobable- igual que en la Grecia clásica-  es la pasividad.
La gestión que los sioux hacen del duelo y casi todos los pueblos de sus personajes carismáticos, chamanes, brujos u hombres-memoria, me hace suponer que determinadas identidades no son sino nichos ecológicos – en realidad roles sociales - construidos y preservados por la tradición donde se ubican determinadas personalidades que encuentran así una actividad social acorde con las características en donde su personalidad encaja: celibato para el chamán, alejamiento social y prescripción de castidad para el viudo o viuda, experiencias iniciáticas para los adolescentes siempre dentro de un ritual con sentido cultural, religioso o cósmico.
Es difícil imaginar que un mundo así la locura (la esquizofrenia, la manía, o la paranoia) pudieran emerger. De hacerlo estarían tan fijadas al rol social predeterminado que su diagnóstico sería –cuando menos- incierto. Es posible especular que la esquizofrenia sea más bien un tributo a la complejidad de las condiciones de vida que emergieron de la industrialización del siglo XIX (o a cualquier otra anterior), y la dificultad de estas condiciones de vida para articular un discurso interior consensuado, sin negar que formas distintas de locura quizá ya desaparecidas preexistieran.
Además hay que señalar otra clase de hechos, una vez teorizada una enfermedad es esperable que emerja un aluvión de casos, como los que se observaron en la Inglaterra del siglo XIX. Este hecho no sólo es debido a que las enfermedades mentales cambian en función de parámetros sociales sino que además la existencia y legitimación de la propia enfermedad operan como un atractor frente al que se aglutinan los casos, que de no existir la etiqueta se dispersarían en costumbres, excentricidades o conductas desafiliativas sin asignación clínica. Esto pudo suceder en la Inglaterra de 1800, con independencia de que la esquizofrenia existiera ya antes de ser identificada como una entidad.
Lo mismo sucedió con la parálisis general progresiva, aunque se sabe que data del siglo XVI, su teorización no se hizo sino en 1808 y los casos de sífilis cuaternaria datan de esa fecha. Con independencia de la preexistencia de la sífilis, parece que el despliegue longitudinal de toda la enfermedad no fue constante en todas las culturas

Una de las sensaciones mas inquietantes que acaecen entre las personas que tratan con esquizofrénicos son la confusión y la perplejidad que emerge del contacto con ellos. Hablando con un esquizofrénico se tiene la sensación de que no es posible empatizar con él, que existe una barrera imposible de franquear y también que estas personas tienen poderes espirituales especiales. Este fenómeno que no ha sido suficientemente estudiado quizá a consecuencia de que los pacientes esquizofrénicos más graves son los que fundamentan la clientela de un psiquiatra, no prejuzga que los casos más adaptados o menos graves de entre el cluster A de los trastornos del eje 2 puedan hallarse aquellas personalidades con capacidades de desafiliación, splitting del grupo o capacidad de liderazgo para constituir otros grupos carismáticos.
Es posible especular con que la evolución y la selección genética hayan establecido a través del tiempo evolutivo dos grandes grupos de conductas en relación con la integración social: las afiliativas y de apego y las desafiliativas o de desapego. Estas últimas conductas podrían entenderse tan adaptativas en clave evolutiva como aquellas. Su función sería la de asegurarse que los grupos no crecieran demasiado, agotando los recursos de un determinado hábitat,  propiciando la segregación de los grupos sobre todo cuando estos habitan ecosistemas demasiado densos, una estrategia que comenzaría a ser necesaria en cuanto el hombre se hizo sedentario.
 El esquizofrénico – la desviación genética extrema de este programa desafiliativo – es muy probablemente un profeta fracasado por falta de seguidores, pero su conducta nos retrotrae a escenarios de horror o de amenazas debido a un mundo que habita paranoidemente quizá como mecanismo de defensa frente al caos de su sistema de señalización-simbolización, un mundo  de extrañeza y temor donde la realidad, el sueño, la fantasía, el miedo o el error cognitivo tienden a transformarse en aspectos concretos  sometiéndole por tanto a un estado de terror similar al que el hombre primitivo tuvo que sortear antes de la invención del símbolo, que de alguna manera protegía al hombre de las consecuencias glandulares del determinismo puro. Sin ninguna duda, pudo constituir un hito el día en que el homínido al ver una huella de un depredador en el suelo inhibió su  descarga de catecolaminas, al poder discriminar que la huella representaba al animal pero no era el animal en sí. Apropiándose del símbolo e inscribiéndolo en la piedra de sus abrigos el homínido comenzó su dominio del mundo al integrarle en su concepción y predicción de la caza, no sólo se apropió del animal sino que lo pudo exorcizar, perderle el miedo y hacerse más fuerte que su propio tótem, destinado en otro momento a recordarle su deuda para con su propio linaje.
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