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miércoles, 17 de octubre de 2012

Programas y Rutinas cerebrales Arcaicas y su relación con la psicopatología


PROGRAMAS Y RUTINAS CEREBRALES ARCAICOS Y SU RELACIÓN CON LA PSICOPATOLOGIA.
Francisco Javier Traver Torras. Hospital Provincial (Castellón-España-UE)


El programa o rutina  es un código secuencial de instrucciones de carácter innato y algorítmico que representa una unidad motora, conductual o comunicacional. De este modo hablamos de programas motores, interpretativos, sensoriales, o conductuales con carácter intencional y ligados generalmente a la supervivencia, propia o de la especie. Los clusters genéticos son perfectas metáforas para explicar al mismo tiempo el carácter adaptativo, innato y plástico de este tipo de programas preformados en el cerebro. A esta mínima cantidad de instrucciones necesarias para llevar a cabo una determinada tarea, no solo en sus correlatos conductuales o fácticos, sino también neurobiológicos, llamaremos programa o rutina, expresión nada más y nada menos de la pluralidad de la mente y de su fragmentación y especialización.
Pero si la mente esta fragmentada ¿qué es la conciencia?. Recuerdo ahora a Jung cuando decía "La conciencia no es un órgano de síntesis sino de desintegración, separa lo que anteriormente está unido". Jung pensaba que la conciencia no era sino una entelequia al servicio de dotar de sentido la experiencia interior, organizar racionalmente lo vivido, dotar a la historia de un trayecto, de un devenir y de un porvenir.¿Por qué nuestra conciencia nos permite la experiencia de la unidad, de donde procede?.
La suma de las pequeñas excrecencias que forman en su complejidad estos subprogramas o rutinas son la conciencia. La conciencia en suma no es más que una suma (o una integral). La adición de las partes que emergen (por su tamaño,complejidad o intensidad) por encima del umbral de lo inconsciente, constituye la conciencia, que es asimilable a la percepción, en este modelo. Percepción limpia de interpretación porque la interpretación es probablemente otro módulo cerebral ligado a la memoria y al hipocampo y por tanto ajeno a la conciencia que anatómicamente está ligada al tallo cerebral y que puede ser representada por una luz, siendo la luminosidad precisamente la función de la consciencia propiamente dicha.
Los programas pueden ser innatos o aprendidos, los hay comunes a la especie y específicos de una cultura o un individuo dado y representan en todo caso la supervivencia de subcerebros que operan en un mismo individuo simultánea e independientemente, siendo la conciencia un artefacto que representa virtualmente la emergencia de la suma de cada parcela subcerebral. La conciencia pues es un artefacto tal y como suponía Jung que representa la suma, siendo como es algo que va más allá de la suma de sus componentes.
La patología no es más que la supremacía, la hegemonía, o la substitución de esa suma por una sola célula que toma el mando de forma rígida e independiente de las demás. Metafóricamente podríamos hablar de un cluster genético que se impone a los demás, que es de alguna manera dominante sobre el conjunto.
En este sentido mantengo la hipótesis de que las enfermedades no son simplemente expresión de la patología, también pueden ser contempladas como fenómenos específicos de adaptación de la especie a las condiciones ambientales adversas que hubo de soportar durante millones de años de evolución y a la pervivencia de programas atávicos, inservibles u obsoletos para la adaptación a una condiciones de vida más dulces que las que tuvimos que soportar durante  millones de años vagando por las estepas o peor, colgados de los árboles.
Es verdad que casi todas las enfermedades tienen un componente genético, pero lejos de suponer una contradicción supone un argumento más a favor de la transmisión inexorable de estos engramas aprendidos y solidificados por la evolución. Evidentemente las enfermedades representan una desviación extrema de tales programas filogenéticos heredados de generación en generación, pero aun así una enfermedad no debe contemplarse solo como un mal a extinguir sin llegar a valorar previamente que otros males ha ayudado a vencer. El ejemplo clásico es la anemia falciforme y su cualidad de defensa frente al paludismo. O la diabetes y su carácter facilitador para ayudar a tolerar la inanición o la carencia crónica de alimentos. Algunos autores defienden la hipótesis de que si lográramos extinguir completamente una enfermedad es muy probable que asistiéramos a un incremento de cualquier otra patología que le está asociada.
La mayor expectativa de vida por otra parte es la responsable de que determinadas enfermedades como el cáncer o el Alzheimer hayan experimentado un notable crecimiento o que algunas enfermedades programadas para aparecer tardíamente (como el cáncer) lo hagan ahora más frecuentemente con la apariencia de estar asistiendo a una epidemia insólita.
Ciertamente no todas las enfermedades tienen un origen genético, pero la causa social de una enfermedad tampoco la pone a salvo de mutaciones clínicas debido a la enorme patoplastia del ser humano y a que las causas psicológicas o sociales también son capaces de consolidar subprogramas activos como los que están determinados por la herencia. La práctica desaparición de la histeria tal y como la conocíamos en el siglo XIX ha sido reemplazada por otras formas emparentadas con aquella como la anorexia nerviosa, la distimia o la agorafobia. Por esta razón algunos autores proponen la denominación de trastornos étnicos para estas enfermedades emparentadas con el modelo cultural y prácticamente nada con determinantes genéticos, de donde se desprende que lo que heredamos en el genoma no es solo la disposición a padecer determinadas enfermedades sino también, una serie de subprogramas arcaicos de predominio motórico e intencional que pueden activarse o desactivarse en el hombre actual a partir de estímulos inespecíficos, como sucede por ejemplo con la ansiedad, que originariamente es una señal de alarma de un animal indefenso para obtener la protección de sus progenitores, una señal común a todas las situaciones de desamparo o desvalimiento como Seligman fue capaz de entrever.
La finalidad de estos subprogramas no es otra más que la supervivencia individual o de la especie, así como una serie de rutinas que economizan la vida en común y sortean las enormes posibilidades de cualquier individuo de perecer en una vida solitaria o en un enfrentamiento extemporáneo con un rival más fuerte. La vida colectiva o gregaria y el sometimiento a una determinada jerarquía parecen ser dos mecanismos de defensa arcaicos que proporcionaron enormes beneficios a nuestros antepasados. (Utilizo el término mecanismo de defensa más como sinónimo de economía y comodidad que en el sentido psicoanalítico del término.)
Si la naturaleza nos proveyó de determinados programas, también nos permitió inventar otros que se les opusieran o que fueran capaces de desactivarlos. Así la agresión, un programa arcaico de enorme interés adaptativo, precisó necesariamente y simultáneamente del desarrollo paralelo de un mecanismo computacional de desactivación que permitiera la vida en común o al menos la hiciera menos peligrosa para los débiles, las crías o las hembras.
Por eso existen los rituales, que no son sino engramas relacionados con conductas demostrativas cuya finalidad precisamente es la desactivación de determinadas conductas, ligadas a la agresión. Rituales relacionados con el cortejo, la sumisión y la dominación que están perfectamente reglados y que bajo la apariencia de una cierta arbitrariedad poseen un sentido profundo de evitación del daño intraespecífico e impiden que se consume una agresión mortal.
En este sentido cabe recordar que la depresión y la ansiedad tienen un carácter genético pero en sí mismo no puede justificar el espectacular crecimiento que estas enfermedades han experimentado en las ultimas décadas. Existen depresivos genéticamente determinados y depresivos que enferman a partir de circunstancias ambientales , esto nos ha llevado a hablar de pacientes verdaderos con innegable carga genética y pseudopacientes que simplemente imitan o plagian la sintomatología difundida por los medios de comunicación o simplemente porque se trata de aquello que Seligman llamaba aprendizajes fáciles (prepared learning) y utilizan programas (la activación de programas) preformados en la mente. La inundación de casos en los sistemas de Salud mental tiene diversas razones sobre las que no voy a entrar ahora pero una de las causas que encuentro más importantes para señalar es que en las sociedades avanzadas cualquier tipo de sufrimiento es susceptible de ser clasificado como sufrimiento mental y por tanto disecado, presentado y tratado por un médico o el sistema de salud y también por que no decirlo por las ventajas sociales asociadas al fenómeno del enfermar.
En este sentido me voy a referir tan solo a algunos programas que son fundamentalmente motores, conductuales, arcaicos y sobrevivientes de nuestra época reptiliana o de mamíferos nomádicos.
            APACIGUAMIENTO
            Objetivo: Desactivación de la agresión intraespecifica
            Por alguna razón desconocida la agresión extraespecifica acabó por desplazarse hacia los propios individuos de la misma especie, probablemente por razones adaptativas a condiciones de vida extremas. Los individuos mas débiles, los más jóvenes y las hembras tuvieron que poner a punto rituales destinados a aplacar la agresividad de los machos dominantes. Esto se consiguió de dos maneras, las crías de todas las especies se caracterizan por un aspecto físico destinado a conseguir y a asegurarse cuidados y protección a partir de su aspecto tierno, desvalido y encantador. La cría seduce a la madre con su aspecto y la madre le induce a que le siga, estableciéndose así una impronta (imprinting) que hace que se reconozcan entre miles de individuos similares y que exista un vinculo individual, más necesario cuanto más tardía sea la maduración motórica del individuo en cuestión.
Por otras partes las hembras y los machos que ocupan los últimos peldaños en la jerarquía social utilizan rituales de apaciguamiento basados en la seducción o mejor en el ofrecimiento sexual ritualizado. Las hembras ofrecen sus nalgas a los machos en una especie de ritual de sumisión y ofrecimiento sexual que curiosamente no termina nunca en una cópula completa, sino que se limita a una especie de pantomima de coito. Los machos cabalgan a las hembras  e incluso a otros machos logrando así apaciguarse a partir del reconocimiento de su posición en el grupo. Este ritual evita mediante este cortocircuito de información grandes y peligrosas demostraciones por parte de los dominantes que terminarían por ser cruentas de llevarse hasta sus últimas consecuencias.
            El apaciguamiento incluye rituales de sumisión, como acostarse, tenderse en decúbito supino, ofrecer el cuello, etc., signos de rendición y de acatamiento que tienen por objetivo desactivar la agresión intraespecifica y restablecer el orden jerárquico. Pelearse jugando como hacen casi todas las crías de los mamíferos depredadores constituye una forma de aprendizaje que funciona "como si" y que nunca adquiere tintes dramáticos, lo cual hace pensar en que siendo la agresión intraespecifica un programa extraordinariamente importante para la supervivencia, la desactivación de la misma es también una necesidad evolutiva de carácter similar a la anterior y que en cierto modo legitima una nueva institución social, la jerarquía.        
En el ser humano también podemos encontrar rituales o conductas similares aunque con algunas diferencias con los demás animales. Por ejemplo parece que en los humanos es más importante el vientre (región ovárica) que las nalgas. La palpación del vientre o la presión sobre el mismo son suficientes para hacer desaparecer una crisis histérica. El ataque de gran mal histérico con su arco en extensión se ha relacionado con el ritual de ofrecer las nalgas de forma invertida. En los juegos infantiles podemos observar vestigios de estas conductas rituales en el acabalgamiento de los contendientes y la supremacía del vencedor. También en determinados rituales masoquistas como "andar a cuatro patas" y ser montado. La palpación abdominal de los médicos es un ritual que más allá de su carácter exploratorio tiene también un efecto mágico en determinadas personas, llegando incluso a ser curativo en algunas dolencias de raíz psicógena.
            DESPIOJAMIENTO (GROOMING)
            Objetivo: Vínculos sociales, altruismo, vínculos sexuales.
            El miedo a los piojos, a la parasitación o sus sustitutos ( contaminación o  suciedad) siguen siendo para el hombre de hoy objeto de repugnancia y aversión y objeto de formas clínicas tanto neuróticas (prurito psicógeno) como psicóticas (delirio de parasitación de Ekbom),  en las cenestopatias delirantes, en los rituales de limpieza de los obsesivos y en sueños con temática de parasitación. Este miedo ancestral parece que tiene su explicación si entendemos que muy probablemente la humanidad tuvo que vérselas con estos molestos huéspedes de nuestra piel, hasta hace relativamente muy poco tiempo (la invención del DDT fue durante el siglo XX), así como las enfermedades derivadas de sus picaduras, no solo de los piojos, sino también las garrapatas, los mosquitos anopheles, las moscas, las pulgas, etc. La sarna, el paludismo, la fiebre Q, la leishmaniasis, la ictericia hemorrágica o el tifus exantemático son ejemplos de las plagas que la especie humana ha tenido que soportar y que en cierto modo sigue soportando en Africa o América latina. Y que justifican ese miedo ancestral o atávico que antes nombraba y la persistencia de fobias o el simple asco hacia los insectos y también que el despiojamiento o el cuidado de la piel de un individuo a otro formen parte de los rituales sociales más antiguos de la especie. En realidad el despiojamiento es una conducta altruista que establece vínculos de solidaridad, sexuales y también de jerarquía entre sus practicantes que divide a la comunidad entre individuos egoístas (que son despiojados pero no despiojan) de los altruistas (que despiojan a cambio de ser despiojados).
 Vestigios de este programa arcaico son las cosquillas, el rascarse, atusarse el bigote, el drenaje de espinillas o los gestos sustitutivos que en el hombre se desencadenan a partir de hábitos banales e inespecíficos y ya en un plano ligado a lo patológico, la onicofagia y la tricotilomanía.
El cuidado de las uñas en las mujeres ha persistido durante siglos a pesar de haber perdido su utilidad tanto para la defensa como para el despiojamiento. Aun hoy la manicura forma parte de la higiene y el aseo corporal de una manera que excede incluso los limites de lo razonable. La moda de pintarse las uñas (para realzarlas como si fueran garras) y dejárselas crecer  forman parte del atractivo de determinadas mujeres al mismo tiempo que aseguran y muestran su posición social. El atractivo de las uñas no es algo racional y que puede estar ligado a la disponibilidad de la hembra para las tareas de despiojamiento y de cuidado de la prole, en suma pueden estar comunicando algo acerca de su disponibilidad social y de ahí su atractivo.
Comerse las uñas efectivamente tiene relaciones con la agresividad y con la inutilidad de maniobras sociales como el despiojamiento que hoy ya no puede utilizarse como ritual social debido a la ausencia de parásitos, aunque el desencadenante es inespecífico, como sucede con la activación de cualquiera de estos programas arcaicos, Demaret ha señalado que la onicofagia solo se da en condiciones especiales: estando sentado y en condiciones de atención selectiva. Es posible que la evolución de nuestra especie haya desplazado o desplace en el futuro este programa hacia otras actividades sociales como la ayuda a enfermos, inválidos o ancianos, programa típicamente humano y prácticamente desconocido en la escala animal.
SEGUIMIENTO
            Objetivo: Supervivencia
En los animales migratorios la colectividad es un seguro para la supervivencia, ello hace que se desplacen periódicamente en grandes manadas en busca de alimento como hacen los hervíboros o para cazar en grupo como hacen los carnívoros. En cualquier caso los animales nómadas se orientan a partir de los ritmos cronobiológicos de la naturaleza, las estaciones y el ritmo dia-noche, deteniéndose durante breves intervalos para aparearse y para la crianza. Pero la vida no puede detenerse, sobre todo para los herbívoros, sometidos a intensas persecuciones por parte de sus depredadores ancestrales, siguen su periplo estacional en busca de nuevos pastos y detenerse solo lo necesario. Las crías de estos animales son extremadamente vulnerables al ataque de las fieras carnivoras que acechan en la sabána o en la estepa. Es necesaria una maduración rauda y diluirse inmediatamente en la manada a fin de pasar lo más desapercibida posible. Seguir a la madre supone la única garantía para la supervivencia. Unidos por un vínculo que se establece inmediatamente tras el parto la cría graba la impronta de su madre a la que reconocerá entre mil y en función de la especie concreta. Por ejemplo las cebras reconocen a la madre por su idiosincrásico rayado, otras por el olor, otras por algún elemento distintivo. Esta grabación o impronta es fundamental para que la cría no pierda de vista ni un momento a su madre. Las demás hembras no estarán dispuestas a tomar a su cargo al vástago de otra que pondrá en peligro su propia supervivencia. Sin embargo la adopción de bebés esta bastante extendida entre los grupos de animales sedentarios, como los simios.
Reconocer a la madre es pues vital para cualquier mamífero superior, más para los  herbívoros que viajan en grandes rebaños, que para los carnívoros que están resguardados en su propia guarida y cuentan con una mayor devoción y eficacia defensiva maternas. Pero no solo es necesario el reconocimiento sino la inmediata activación del programa de seguimiento-reconocimiento de la cría al lado o próxima a su madre que le servirá de guía y de defensa a través de sus continuas migraciones y le enseñará útiles estrategias para escapar del ataque de sus depredadores.
El ser humano dispone de uno de los mecanismos más evolucionados de seguimiento de la naturaleza: la imitación, que compartimos en gran parte con nuestros ancestros los monos. La identidad en los humanos se forma en gran parte a partir de la mimetización de sus progenitores o por oposición a este mismo modelo, pero en cualquier caso siempre los progenitores actúan como referentes. Es un magnifico ejemplo para ilustrar la diferencia entre lo mental-racional (la imitación) y lo cerebral-animal (el seguimiento). Lo mental está configurado de tal manera que no siempre coincide con lo cerebral sino que puede a  veces contradecirle sin que podamos hablar de averias en el reconocimiento, simplemente el individuo humano puede "elegir" a imitar en sentido contrario, contraría a su modelo, y crea un antimodelo.
 La impronta parece ser igual de importante en el bebé humano que en cualquier otro mamífero porque la interacción que se establece entre el bebé y su madre durante la mamada, recuerdan fuertemente a estos patrones de reconocimiento, que harán que el bebé madure hasta configurar un mundo dividido entre conocidos-extraños a partir del tercer mes. Sin embargo parece que el contacto afectivo de la mirada es más importante que el reconocimiento o al menos que ambas funciones están adheridas.(otra vez lo mental versus lo cerebral)
Por otra parte el ser humano mantiene perfectamente operativo su capacidad (¿necesidad?) de seguir a los lideres de su manada o de su grupo. La tendencia al mimetismo y a la contaminación social de las conductas es solo una pequeña parte de la capacidad de los seres humanos para identificarse, internalizando aspectos de los conductores de sus respectivos grupos mediante su prácticamente infinita capacidad para inventar justificaciones a su conducta: la religión y la ideología son las dos grandes coartadas para racionalizar aspectos muy primitivos como el patrón de seguimiento. Los hombres mediante el apego y la identificación se construyen objetos de culto y de autoridad a los que siguen como rebaños o a los que  se opone más allá de toda lógica racional.
TERRITORIALIDAD
Objetivo: Individuación genética, predominio de los más fuertes
La territorialidad o el marcaje del territorio es una de las conductas animales que más llaman la atención al observador civilizado (y educado) acostumbrado a ceder el paso o a conformar sus valores en torno a la idea de la solidaridad y de ayuda frente al menesteroso o de protección al débil. La territorialidad tiene también un antiprograma o un programa  moderno de desactivación y que podríamos llamar solidaridad o altruismo.
Sin embargo es posible intuir fuertes vestigios de esta conducta animal que tiene que ver con los gigantescos esfuerzos de los machos a fin de asegurarse la inmortalidad de sus genes con el paso de los mismos a la siguiente generación. La territorialidad pues esta al servicio de la reproducción y a asegurar un territorio propio de dominio y de supremacía de unos machos sobre otros y su consiguiente oportunidad de apareamiento.
Los animales marcan su territorio básicamente impregnando este con hormonas o feromonas que individualizan el campo de su dominio. La orina, las heces, o la secreción de determinadas glándulas odoríferas intervienen para colocar una etiqueta de propiedad sobre los árboles, matorrales y guaridas y que al mismo tiempo sirve de advertencia a los intrusos demasiado osados. Del mismo modo la pérdida del territorio confina al individuo al ostracismo y a la marginalidad lo que no solo revierte en una pérdida de la calidad de vida sino de la vida misma. El macho periférico sin territorio y por tanto sin rango es expulsado de la colectividad y condenado así a una muerte segura probablemente a manos de sus propios congéneres.
En los humanos, la coprofagía y las regresiones que podemos observar en determinadas entidades de estirpe esquizofrénica u orgánico-cerebral se han comparado con esta perdida de la territorialidad, también se ha propuesto como un modelo crono biológico para la explicación de las fases maniacas y depresivas, al entender que la fase maniaca del trastorno bipolar podía ser entendida como un periodo de excitación y euforia correspondiente a la ganancia de algún tipo de territorialidad, mantenida a base de un gran derroche de energía sobre todo con la supresión del sueño, y la depresión por el contrario a una perdida de la territorialidad misma y sus consecuencias atávicas, la muerte por exclusión.
Si los animales y nuestros antepasados ejercían su dominio mediante la territorialidad el hombre moderno la ejerce desde el prestigio. Los hombres no nos hemos puesto de acuerdo todavía qué cosa es la que más nos atrae de nuestra propia especie y que legitime las posiciones de privilegio sobre los demás. Hemos pasado de adorar al más fuerte, al más sabio, al más bello, al más poderoso o simplemente al más rico, pero todo ello no es más que la consecuencia de que lo que ha cambiado son las razones por las que admiramos a los demás pero no suponen una posición crítica de los hombres respecto a nuestra capacidad de admirar. Las posiciones de autoridad siguen siendo para nosotros motivo para el temor y para la envidia, en cualquier caso expresión de nuestra propia ambivalencia con respecto a estos mismos significados que tendemos a adjudicar de forma irracional: en forma de acatamiento automático o en forma de rebelión, nuestro temor atávico a la autoridad esta presente en todos y cada uno de nosotros, así como en el culto fetichista (parcial por deslizamiento metafórico) al dinero, al éxito o a la notoriedad.
JERARQUÍA
Objetivo: Vínculos sociales, desactivación de la agresión, predominio de los más fuertes
La vida gregaria (en grupo) y el sometimiento a una jerarquía superior parece que son dos fenómenos que incluso en nuestras modernas sociedades democráticas, no hemos podido superar, lo cual demuestra que más allá de los deseos humanos o de las ideologías igualitarias, estas conductas representan enormes ventajas para los individuos. La vida en solitario es impensable para el ser humano y para la mayoría de los mamíferos superiores. La manada, el clan, la horda o la familia son absolutamente necesarias para la supervivencia individual. Es impensable imaginar un ser humano fuera de la colectividad y solo contados casos de niños criados por lobos o en condiciones de aislamiento extremo sirven para hacernos una idea del enorme potencial inteligente que el ser humano es capaz de desplegar o de inhibir en contacto o en la ausencia del mismo con sus semejantes.
Casi todos los animales gregarios viven en grupos fuertemente jerarquizados, la cúspide de la pirámide esta ocupada por los machos dominantes a los que les siguen las hembras y por fin los machos jóvenes, los periféricos y las crías. En algunas especies las hembras a su vez se encuentran también jerarquizadas sobre todo en lo que concierne al cuidado de las crías, actividad que supone la adquisición de un más alto rango. Sin embargo la jerarquía tiene como objetivo último el aseguramiento del pase a la siguiente generación de los genes más capaces para la supervivencia, es decir de los individuos más fuertes y mejor adaptados. La primera consecuencia que se deduce de la jerarquía es de índole sexual. Efectivamente no todos los machos tienen las mismas oportunidades para el apareamiento, de hecho en algunas especies un solo macho es el padre biológico de todas las crías de la manada, lo que deja a los demás en una situación poco deseable. Por esta razón los desafíos entre machos, las peleas y demostraciones de fuerza y habilidad son comunes tanto en los carnívoros como en los herbívoros. Sin embargo los días del macho dominante están contados y pronto o tarde acabará siendo desplazado por nuevos machos emergentes que terminarán por expulsar al otrora dominante de su posición de privilegio a un papel periférico donde concluirá sus días rápidamente en el más absoluto aislamiento y abandono por parte del grupo. La jerarquía esta indefectiblemente unida a la territorialidad y no se refiere solo al apareamiento sino que contiene otras prebendas como "el orden de picada", alimentarse antes y elegir el mejor bocado, asi como otros privilegios para conseguir el despiojamiento o el mejor lugar para descansar.
Pero sobre todas estas ventajas la jerarquía proporciona un código estable que al no precisar ser negociado continuamente, facilita que los individuos que ocupan la cúspide de la trama social tengan tiempo para reproducirse hasta que inexorablemente vengan a ser destronados por otros, que al acecho esperan solo una oportunidad para desplazar al dominante de su posición de privilegio. En este sentido los dominantes tienen los días contados y a diferencia de los humanos los animales que no saben nada de política no suelen tener piedad con los perdedores.
SIMULACIÓN
Objetivo: Cuidado y defensa de la prole
            El ejemplo mas característico de este fenómeno lo describió precisamente Tinbergen con su "síndrome del ala rota", una estrategia de disimulo de algunos pájaros sobre todo de los que anidan en el suelo y están expuestos a los ataques de múltiples depredadores. El pájaro en cuestión simula un ala rota, pero en realidad se trata de un fenómeno de simulación similar al de la hemiplejia sin causa orgánica, emparentado con la histeria de conversión y cuyo origen se encuentra en un fenómeno de inhibición subsiguiente al sobresalto de verse descubierto por un depredador en las proximidades del nido donde se encuentran los polluelos. El pájaro supuestamente escindido entre el deseo de empollar a sus crías y el deseo de escapar de depredador, se provoca una hemiplejia sin base orgánica que simula un ala rota y hace que el depredador le persiga creyéndole una presa fácil, logrando así distraer la atención del depredador a fin de proteger a sus polluelos. Naturalmente el depredador no puede alcanzar nunca al pájaro que restituirá poco a poco su capacidad para el vuelo y escapará de su agresor que se encontrará al poco tiempo confuso y desorientado sobre lo que vió u olió.
Los psiquiatras clásicos ya observaron que el hemisferio derecho y por consiguiente el hemicuerpo izquierdo era más susceptible de sufrir somatizaciones o  síntomas de conversión que el hemicuerpo derecho, hasta tal punto que como regla general se puede afirmar que cualquier somatización o síntoma de conversión en el lado izquierdo del cuerpo es casi siempre histérica.
Babinsky describió un síndrome asociado a las hemiplejías izquierdas (síndrome de Babinsky) y que relacionó con un síntoma neurológico -  la anosognosia- que es una especie de extrañamiento o de dificultad de reconocimiento de la propia identidad física. El paciente contemplándose en un espejo era incapaz de reconocer su imagen y reaccionaba como si estuviera frente a un extraño. Este síntoma neurológico fue posteriormente relacionado con "la belle indiference" de los histéricos (Orengo). La "belle indiference" es un estado afectivo donde predomina la ausencia de angustia en una persona que a juzgar por los déficit sensoriales que presenta debería sentirse preocupada o ansiosa frente a esos mismos síntomas. La "belle indiference" es patognomónica de la histeria y para Orengo es la demostración de que la histeria "aprovecha" circuitos orgánicos preformados en el cerebro para su expresión, precisamente los circuitos implicados en la hemiplejia que Babinsky había mencionado al describir su síndrome. La histeria no sería más que la traducción mental del fenómeno de simulación que presentan los animales.
En este sentido la anosognosia es equivalente de la "belle indiference", que no seria mas que una anosognosia afectiva. El paralelismo entre el síndrome del ala rota, el síndrome de Babinsky y la "belle indiference", han sido señalados para ilustrar el fenómeno de los engramas arcaicos preformados en el cerebro y que se activan o desactivan a partir tanto de estímulos internos o externos y cuyo fin en este caso es la  supervivencia de la especie.
APAREAMIENTO
Objetivo: Supervivencia de la especie
Aunque el hombre tardó mucho tiempo en comprenderlo o mejor aceptarlo, el amor y el apareamiento sexual son conductas emparentadas en el mismo sentido que más atrás ligaba la imitación con el seguimiento. El amor es un fenómeno mental, centrípeto, específico, parcial, y fetichista, mientras que el apareamiento es un fenómeno universal, biológico, centrífugo, inespecífico y material. El amor es mental mientras que el apareamiento es cerebral, ineluctable. Ningún animal puede escapar a su determinismo sexual biológico, aun sin saber si es macho o  hembra, solo el hombre puede llegar a escindir lo que es el sexo del género y más difícil todavía encontrar dilemas y dificultades entre el sexo y el rol sexual.
Este ejemplo me servirá para ilustrar lo que más atrás explicaba acerca de la necesidad de oponer un subprograma "reciente" a los más que atávicos programas poderosos y antiguos que nos sirvieron para sortear las dificultades de nuestra marcha a través de la deriva de la especie. El ser humano ya no es prisionero del atávico deseo de apareamiento sexual y de sus consecuencias de por vida (el cuidado de la prole). Un hombre puede "decidir" ser soltero y no le pasa nada, puede "decidir" ser homosexual y no le pasa nada, puede decidir no tener hijos y no será apartado de la especie ni de su comunidad de origen. En suma eso que llamamos libertad incluye el derecho a oponerse a la naturaleza e incluso a la supervivencia. Ningún animal tomará venenos por propia voluntad, solo el hombre es capaz de drogarse, beber alcohol o fumar tabaco, porque el hombre gracias al símbolo es capaz de alienarse respecto de la naturaleza al mismo tiempo que se apropia de ella, es más fuerte al poder anticiparla o imaginarla.
En este sentido igual de adaptativo es ser homosexual que heterosexual dado que el homosexual no hace más que oponer un nuevo programa al arcaico y antiguo programa de apareamiento y el heterosexual no hace sino oponer otro, quizá el subprograma del trabajo útil  a fin de escapar de la fortísima causalidad del programa de apareamiento, demasiado fuerte aún para considerar seriamente el peligro de extinción de la especie.
Si recordamos que la patología psiquiátrica puede ser considerada como la supremacía o hegemonía de un programa que toma el mando mental de todo el conjunto de subprogramas heredados y adquiridos que posee el ser humano o mejor en la rigidificación funcional del mismo, mediante la independización del resto de sistema, es lógico que este programa precise de relevos y contrafuertes para neutralizar su enorme potencial adictivo, de acostumbramiento y las consecuencias innegociables del mismo, las facturas de la especie para las hembras y las dificultades adicionales para los machos monógamos. Estas consideraciones hacen razonable la idea de que unos subprogramas nacieron para modular, desactivar o neutralizar otros mas profundos, intensos o arcaicos y por tanto más antiguos desde el punto de vista adaptativo. En este sentido nombraré por ejemplo el caso del odio y el caso del amor. El odio es probablemente millones de años más antiguo que el amor, un invento bastante reciente de la humanidad y que ha pasado por múltiples vicisitudes en el sentido de que se ha modificado según la época y según las necesidades de las comunidades, sin embargo el odio es inamovible, atávico, irracional, profundo, inmutable. Casi todo el mundo estará de acuerdo con la idea de que el objetivo de la civilización es poner a buen recaudo este sentimiento, destructivo para la colectividad y aun destructivo para el individuo. Se trata de un exceso del equipaje atávico del hombre, ¿para qué puede servir el odio al hombre moderno? En este caso hablaremos de hiperadaptación. El odio sirvió a la humanidad durante miles, millones de años, a algún fin de carácter adaptativo a medios ambientales hostiles, pero hoy el odio no sirve para nada, mas allá de mantener vicariamente una actitud de rivalidad y competencia fraternal con nuestros conciudadanos, lo que nos permite mejorar en el mejor de los casos.
El resultado de estas fricciones entre el odio ancestral del hombre y las necesidades colectivas de socialización, llevó a nuestra especie a nuevas adaptaciones que generaron nuevos programas tan genéticos y adaptativos como los anteriores aunque mucho más recientes y por tanto con menor expresividad fisiológica, bioquímica o neuroanatómica: el odio tiene una traducción fisiológica, pero no la solidaridad. El dolor tiene un correlato bioquímico, pero no el celibato. Siendo como es el celibato una estrategia que oponer a las exigencias del acoplamiento y la solidaridad una estrategia o programa para neutralizar el egoísmo de la jerarquización rígida secundaria a la territorialidad, ambos tanto la solidaridad como el celibato son programas en el mismo sentido que lo son los anteriormente citados y transmisibles por tanto genéticamente, en el patrimonio de los aprendizajes fáciles que la humanidad mediante, la cultura, la instrucción y la socialización transmite simultáneamente a los patrones arcaicos y menos  presentables desde el punto de vista social, pero igualmente presentes y necesarios para nuestra orientación en la deriva evolutiva que aun la humanidad entera tiene que recorrer presumiblemente.
NURSING O MATERNAJE
Objetivo: Cuidado de la prole
El maternaje es un programa arcaico que subsiste en los humanos debido en gran parte a la alta especialización motora del mismo y a las dificultades y lentitud de sus procesos de maduración neuropsicológica. De toda la escala animal el bebé humano es el más desvalido y torpe de las crías de mamíferos. Su socialización y "nursing" son un largo y tortuoso camino que se extiende a lo largo de muchos años antes de que pueda valerse por sí mismo incluso para tareas estereotipadas o rudimentarias. En cierto modo el "nursing" compete generalmente a las hembras de la especie aunque es cierto que en algunas especies esta tarea se divide entre el macho y la hembra sobre todo en aquellas especies que practican el emparejamiento monógamo.
El "nursing" no solo se refiere a los cuidados maternales alimentarios sino también a los cuidados de defensa y provisión de afecto. Harlow en sus célebres experiencias con monos ya demostró que el contacto afectivo era tanto o más importante que la provisión de alimentos, al descubrir que los monos seguían a un felpudo cuando se lograba asociar con este objeto las cualidades de caricias y afecto. Si esto es cierto en los monos más lo es en relación con el hombre: el afecto es absolutamente necesario para la maduración biológica y además hay que añadir el efecto del lenguaje sobre el crecimiento y la maduración neurobiológicas, así como la apropiación del símbolo como defensa contra el determinismo puro natural y por tanto una gigantesca defensa contra los terrores atávicos del hombre.
"El instinto maternal" se activa a partir del parto, pero existen estímulos que lo pueden activar en ausencia del mismo, la cualidad de adopción parece estar ampliamente representada tanto en los mamíferos como en el hombre y suponen una conducta de altruismo maternal vital para la supervivencia del grupo.
EL "nursing" parece estar estrechamente relacionado con el "teaching" esto es la cualidad de los cuidados maternales destinados a enseñar a las crías estrategias de supervivencia en ausencia de los cuidados maternos. Enseñar a cazar, a esconderse, a reconocer los peligros, a eludir los alimentos venenosos, parecen ser conductas ampliamente representadas entre las distintas especies. En el humano el "nursing" y el "teaching" pueden ir juntos o bien presentarse por separado al haber accedido al mecanismo de la disociación y poder así separar ambas funciones que filogenéticamente aparecen adheridas.
PRENSIÓN
Objetivo: Supervivencia de la prole
            La prensión o el agarramiento es un reflejo motórico complejo presente en el niño desde el momento de su nacimiento y que certifica una maduración neurológica adecuada en el mismo. La prensión puede considerarse como un vestigio de nuestra vida pasada en los árboles, que se cifra en varios millones de años si consideramos la primera etapa con la vida de los prehomínidos a medio camino entre el suelo y las cúspides de los mismos, estancia mucho más prolongada que la más moderna costumbre migratoria por las estepas. Según algunos autores las sensaciones cenestésicas de caer o de volar, propias de los sueños con componente persecutorio tienen su origen en este vestigio ancestral.
El homínido arbóreo era de hecho muy vulnerable al ataque de los depredadores carnívoros que acechaban en el suelo, demasiado torpes y lentos para una escalada rápida en vertical. Parece que las cimas de los árboles fueron un refugio seguro para nuestros ancestros y por eso conservamos ciertos síntomas como una reliquia de nuestros miedos en relación con las fieras. La tetania o la parálisis del escribiente, formas relacionadas con la histeria de conversión y que se producen ante estresores inespecífico han sido señalados por algunos autores como síntomas relacionados con aquel programa arcaico.
La masturbación y determinados actos relacionados con el agarramiento han sido relacionados con este programa cerebral. La noción de Yo (2 sensaciones) y No-Yo (una sensación) de los psicoanalistas es una sugerente explicación metapsicológica del agarramiento (Spitz). En la mamada existen dos sensaciones, una en la boca y otra en los labios, en la masturbación también dos sensaciones una en la mano y otra en el pene o clítoris. Parece que las dos sensaciones producidas por el agarramiento reaseguran y tranquilizan al sujeto al mismo tiempo que sugieren un comportamiento programado para asegurar la puesta a salvo de las crías en caso de peligro. Tener algo en las manos es tranquilizador para el sujeto que debe afrontar amenazas continuas para la supervivencia o incluso en el hombre actual cuando juguetea con algún objeto cuando debe exponerse a una evaluación social. Por otra parte el hecho de saludarse con un apretón de manos ha sido interpretado por los etólogos como una forma de no-agresión ritualizada y demostrativa de que en las manos no se posee ningún arma.

CATALEPSIA-INHIBICIÓN
Objetivo: Supervivencia
            La catalepsia y la tempestad de movimientos forman parte de un "cluster" de conductas destinadas a la mimesis y la inmovilidad como estrategia para pasar desapercibido ante la eventualidad de un ataque, y en el polo contrario una forma de asustar y repeler una agresión, mediante una escenificación tormentosa de defensa muscular que simula un ataque ritualizado. En el hombre estas conductas arcaicas pueden desencadenarse a partir de un sinfín de circunstancias, generalmente activadas por el miedo. Ambas estrategias comparten un mecanismo común, se trata de una conducta provocada por el pánico o el temor extremo y logran si son exitosas repeler o evitar una amenaza inminente para la vida. La catalepsia se ha asimilado a la hipnosis de los humanos y comparte con ella ciertos elementos, la inmovilidad, la fascinación por el contacto ocular y sobrevive  mediante formas clínicas como por ejemplo en determinadas formas de estupor (catatónico o histérico) y en la cataplejía, la somniloquia y el sonambulismo. Sin embargo es muy posible que en los seres humanos el trance hipnótico tenga más que ver con la elusión de la responsabilidad (Thigpen) que un mecanismo para eludir un peligro inminente.
El trance hipnótico se caracteriza por un estado inducido no tanto por la inmovilidad como sucede con los animales sino por la confianza hacia el hipnotizador y el deseo de complacerle. Es muy poco probable que una persona pueda ser inducida hipnóticamente por alguien que nos inspire temor o que represente el peligro de una seducción sexual implícita. Por el contrario aunque el fenómeno hipnótico es una demostración de apego, no parece que los contenidos sexuales implícitos puedan ser invocados de forma inmediata en el proceso de inducción.
En los humanos parece que el mecanismo involucrado sea más bien un cierto grado de disociación de la conciencia tal, que permita al hipnotizado "hacer aquello que quiere hacer de una forma involuntaria", es decir a partir de la sugestión de otra persona. El inducido que ha sido hipnotizado correctamente "no recordará" nada de la inducción quedando así su responsabilidad a salvo. La supervivencia de este mecanismo en los humanos es prácticamente universal, todas las personas podemos ser sugestionados de una forma u otra, siempre y cuando se cumpla la condición de que la persona sugestionada conserve un cierto control sobre "la voluntariedad de su conducta".
La mayor parte de las personas (y de los médicos) temen la inducción hipnótica por el temor a quedar esclavizados (o de conseguir establecer una dependencia sin fin) a otra persona, pero en general somos bastante incapaces de  descifrar cuales de nuestras conductas son producto de una sugestión generalizada como sucede por ejemplo en la publicidad. La sugestión es un fenómeno de masas, pero no es necesario ni posible sugestionar a todo el mundo, basta con hacerlo con algunas personas y asegurarse  así de que otros la seguirán. Todos compramos "voluntariamente" lo que vemos que los demás ansían y todos tendemos a adscribir un valor a lo que los demás creen que es valioso. Este fenómeno es un fenómeno de sugestión donde el sujeto conserva la ilusión del libre albedrío, porque no se produce en una situación de trance hipnótico, sino mediante sugestiones indirectas y en gran parte subliminales, esto es se niega de entrada la intención de sugestionar. La deseabilidad social no es más que un producto de la sugestión colectiva a donde nos llevan los medios de comunicación de forma subrepticia.
En ciertas circunstancias como las acaecidas durante la Primera Guerra Mundial los fenómenos histéricos fueron muy frecuentes en el campo de batalla. La explicación que los psiquiatras militares dieron entonces estaba relacionado con las convicciones militares y el entrenamiento que siguieron los combatientes en liza. A diferencia de otras guerras donde el factor ideológico era más evidente, la primera Guerra se articuló sobre el patriotismo como idea central. El estremecimiento patriótico era tan fuerte en los combatientes y tan hermético y sin posibilidad de discusión que los soldados aterrorizados en combate tenían que recurrir a estrategias de estupor histérico para eludir el miedo a las bombas enemigas, porque el miedo estaba negado de antemano y prohibido por los mandos militares y asimilado al concepto de cobardía y traición. Si tenemos en cuenta que la Primera Guerra mundial fue una guerra extraordinariamente cruel y que el cuerpo a cuerpo era la forma predominante de combate entenderemos la emergencia de fenomenos histéricos en los combatientes en oposición a lo que sucedió en la Segunda Guerra, donde el predominio de las armas de fuego, los ataques aéreos o la artillería y los medios anfibios predominaron sobre el combate de trincheras. En esta Guerra los fenómenos más comunes fueron los psicosomáticos en lugar de los más demostrativos fenómenos histéricos que tanto se prodigaron en la Primera.
Por otra parte la catatonía, descrita por Kalhbaum, una enfermedad que se encuentra en franco retroceso en la clínica actual se ha relacionado por algunos autores con los fenómenos descritos anteriormente como catalepsia-inhibición. Para estos autores la catatonía tendría una finalidad adaptativa, aunque la patología represente una desviación extrema y participaría de los mismos engramas arcaicos que antes describía como programas filogenéticos de interacción con el ambiente. La catatonía fue catalogada como una forma de esquizofrenia y sin duda representa la forma motórica por excelencia en contraste con las otras formas mas ligadas a trastornos del pensamiento.
Hace algunos años tuve ocasión de tratar a un hombre que estaba diagnosticado de una catatonía periódica (forma descrita por Gjessing), que había comenzado su enfermedad durante la guerra civil, después de que le estallara una bomba cerca de él, quedando no obstante ileso. El paciente había debutado con una forma de estupor catatónico e ingresado en una institución para enfermos mentales inmediatamente después del episodio. Durante mas de treinta años presentó estas formas acinéticas y de flexibilidad cérea que se describen en la sintomatología de la catatonía clásica, pero su estado contrariamente a lo que sucede en las formas comunes de catatonía no era persistente sino que tendía a la remisión completa evolucionando en episodios como si se tratara de un trastorno bipolar o una psicosis periódica. Durante estos episodios el paciente prácticamente una conducta absolutamente regresiva, jugueteando con sus propias heces y orina, desnudándose y mostrando una conducta apragmática e inintencional,  conservando un mutismo absoluto junto con una "facies" de perplejidad y de temor intensos. Los episodios se hicieron cada vez más frecuentes y más prolongados, falleciendo  a la edad de 60 años por "una muerte blanca" es decir una muerte por inhibición.
La catatonía se ha relacionado con un temor arcaico, ontogénico y primitivo relacionado no con el miedo a morir sino un estado y un miedo primordial y  prehumano o al menos preindividual. La catatonía participaría al igual que la histeria de conversión y otras formas clínicas de psicopatología menor de estos programas arcaicos cuya función de supervivencia y por tanto adaptativa tendría un parentesco con aquellas rutinas de catalepsia-inhibición.
Por otra parte la inversión del proceso mediante el TEC (choque eléctrico) nos vuelve a recordar el viejo aforismo Hipocrático de que "iguales curan iguales", dado que el mecanismo de acción del TEC parece estar relacionado con la convulsión crítica (y perdida de conciencia) que es probablemente la forma más arcaica de defensa ante el terror inminente e inevitable del que dispone la especie humana y al mismo tiempo y simultáneamente la expresión de dicho terror.
LUCHA-HUIDA
Objetivo: Supervivencia
Cannon demostró que la lucha y la huida eran conductas glandularmente equivalentes, aunque de sentido contrario e innatas, así como el miedo o la voluptuosidad y además que estos clusters de conducta intencional  compartían los mismo mecanismos anatómicos y fisiológicos. Más tarde se relacionaron estas respuestas con una estructura cerebral: la amígdala y simultáneamente con una hormona sexual: la testosterona.
Que el miedo y la agresión eran mecanismos similares (aunque opuestos intencionalmente) es un descubrimiento de Freud y por tanto la lucha y la huida son respuestas muy parecidas aunque de signo (dirección) contrario y que dependen de la evaluación que haga el individuo del riesgo que corre en un determinado momento. El miedo contrafóbico, esto es tratado defensivamente, se trasforma en heroicidad, la fobia a las alturas en alpinismo, el miedo al fuego en piromanía, el miedo a la evaluación sexual en donjuanismo o en actitudes de seducción, esta idea presente en toda la teoría psicoanalítica, representa efectivamente un hito en la concepción del hombre al entender que el substrato común a los valores opuestos es casi siempre de origen adaptativo al medio por más que algunos hayan llegado a creer en la fortuna del libre albedrío o de la supremacía moral del hombre. Para Freud y mucho más para Jung los opuestos no son sino los parientes de una misma realidad psíquica. La conciencia no es pues un órgano de síntesis sino de desintegración, separa lo que anteriormente estaba unido, lo separa y lo proyecta en la realidad propiciando la ilusión de que son cosas diferentes u opuestas en valor, lo bueno y lo malo aparecen dando la oportunidad de jerarquizar así una escala de valores que lejos de aclarar algo sobre la naturaleza del hombre no hace sino alejarnos de los significados primordiales que toda conducta tiene como arquitectura adaptativa de la especie. Una vez aparecido el maniqueísmo el hombre se instala en la grieta y el malentendido esta servido para la aparición de los malestares neuróticos del hombre: la culpa, la duda y la confusión. 
ALTRUISMO Y ALTRUISMO ALIMENTARIO
Objetivo: Aseguramiento del patrimonio genético común
La historia natural esta plagada de ejemplos de altruismo en el que un individuo o un grupo de individuos se sacrifican en favor de la colectividad. El ejemplo más usual es el de las hormigas o abejas obreras, especializadas en trabajar en pro de satisfacer a una reina cuya función reproductora es vital para la colectividad. Las obreras son estériles y no pueden salvaguardar sus propios genes individuales sino a través del patrimonio genético común.
Compartir la comida parece ser un hábito bastante extendido entre la especie humana a diferencia del resto de la escala zoológica donde existen al menos dos modelos sociales de alimentación: el comensalismo y el "vagabond feeding".
 El comensalismo es el hábito social mediante el cual la manada se alimenta simultáneamente y en grupo, lo cual no es obstáculo para que existan rígidas jerarquías en el orden de la alimentación. El llamado por Tinbergen "orden de picada" establece una fuerte jerarquía de dominio en la secuencia de la alimentación. El "vagabond feeding" es una conducta contraria al comensalismo donde el animal se alimenta de pie, picoteando y escondiendo restos de comida, casi siempre en solitario y a escondidas y que incluye una conducta de "craving" (atesoramiento)  o almacenamiento de comida mientras mantiene una hiperactividad motora constante. Algunas especies que en libertad son comensales en cautividad o en condiciones de poco espacio se comportan como "vagabond feeding" y al contrario. Parece ser que las especies más jerarquizadas tienden a operar mediante mecanismos de "vagabond feeding" y este modelo ha sido propuesto por algunos autores como un modelo animal adecuado para el estudio de la anorexia nerviosa.
En los simios podemos encontrar fuertes rasgos de altruismo alimentario y maternal similares a los humanos. Las hembras parecen más proclives a este tipo de altruismo, movidas por una quizá mayor resistencia a la inanición o por algún tipo de parentesco con el "teaching" o maternaje. En el hombre que ha logrado socializar este comportamiento podemos encontrar fuertes indicios de altruismo alimentario quizá relacionados con el contrato sexual . El acceso a la carne ( y a las proteínas animales) por parte de las hembras humanas parece que tiene alguna relación con su disponibilidad sexual permanente , rasgo este diferencial de la especie humana con los demás mamíferos (Fischer).
La comida, la progenie y lo sexual parecen estar relacionados por un vínculo que más allá de lo simbólico incluye también lo arcaico, es decir mecanismos de supervivencia para el grupo que han sobrevivido hasta hoy porque representan hitos adaptativos para el hombre en un medio aterrador y hostil.
El ataque de los depredadores y de los animales venenosos, los alimentos tóxicos, las enfermedades infecciosas, las hambrunas, los ataques de los sujetos dominantes, los traumas del parto, los accidentes de la caza, las glaciaciones y las sequías son los estresores más importantes que el hombre tuvo que aprender a dominar durante millones de años desarrollando estrategias que obviamente deberian de constituirse en engramas innatos para facilitar el paso a las generaciones siguientes. Es sabido que determinados aprendizajes son muy fáciles de aprender como la fobia a las arañas o a las ratas, a las alturas o a los espacios abiertos. Esto sucede porque están ligados desde el punto de vista evolutivo a una cuestión de supervivencia, de vital aprendizaje rápido para el individuo, lo que hacen que sean tan frecuentes en la clinica fóbica a pesar de haber desaparecido aquellas amenazas en nuestro entorno inmediato.
Por eso es lícito pensar que determinadas conductas animales están fuertemente emparentadas desde el punto de vista evolutivo con los malestares del hombre moderno, por ejemplo "el robo de bebés"  que es un práctica común entre los simios y que establece una cierta jerarquía entre las hembras a fin de asegurarse el prestigio del grupo es una conducta relacionada con la cleptomanía humana y quizás también con ciertos delirios de filiación que induce a algunos pacientes psicóticos a sustraer bebés  a sus madres biológicas. La maternidad y el "teaching" van unidos en todas las especies animales y se ha propuesto que en la especie humana  la anorexia sería precisamente una forma de disociar ambas funciones en las adolescentes que no ha tenido oportunidades para entrenar sus habilidades de maternaje (o menos aun en ser madre) por un continuo conflicto con la propia madre (y por la ausencia de bebes a los que cuidar) y que sublima o desplaza (o sustituye) por actividades de cuidado a enfermos, inválidos, ancianos o actividades de enseñanza (maestra o institutriz). Parece ser que la anorexia mejora en cuanto la adolescente tiene oportunidad de ocuparse de algún bebé y vuelve a empeorar cuando cesa en esta actividad. Algunos autores han observado que en la fratria de las anoréxicas casi nunca encontramos bebés de poca edad en el momento de enfermar la paciente.
Sin embargo "la valencia de cuidado" es muy poco frecuente en el reino animal: los simios reaccionan con miedo y hostilidad ante algún miembro herido o inválido, igual que los grandes carnívoros e incluso en las aves podemos encontrar estos fenómenos xenofóbicos, dado que los congéneres reaccionan "como si" desconocieran al miembro inválido o herido. En el ser humano sin embargo es muy frecuente encontrar personas hábiles en cuidar a los demás, lo que está en contradicción con la incapacidad casi total de cuidar de sí mismas. Este es el caso de las anoréxicas bien dotadas para alimentar, cocinar o cuidar pero perfectamente incapaces para la autocrianza. Este fenómeno puede interpretarse como una formación reactiva como dicen los psicoanalistas o como una conducta altruista como dicen los etólogos pero en cualquier caso no se contradicen entre sí, porque los dos están dando cuenta de la observación empírica, unos para intuir como funciona el inconsciente y el otro para comparar las conductas animales con las humanas y encontrar así explicaciones a la compleja interacción que en el hombre se da entre lo arcaico, los aprendizajes ligados a la evolución y los aprendizajes complejos como los afectivos o sociales.
Otra conducta humana que es típicamente humana y que puede considerarse como un programa altruista es la homosexualidad y el caso extremo de altruismo lo constituye el suicidio, aunque ambas conductas participen también y en mayor medida de los rituales de sumisión y de la perdida de territorialidad en los animales.
FRANCISCO TRAVER TORRAS
PSIQUIATRA
HOSPITAL PROVINCIAL

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